Pastel de cabracho
De niña acompañaba a mi padre a pescar al río Sil, a mí no es que me gustara mucho pero a él le entusiasmaba, pescaba “peixes”, no sé que variedad de peces eran, de ahí que los llamará peixes, pero estaban deliciosos recién fritos. Si la pesca había sido abundante se escabechaban, realmente no se como me gustaban más.
Años más tarde volví a ir de pesca varias veces, esta vez en el barco de unos amigos en Mallorca, en la Colonia San Jordi junto al cabo de Ses Salines. Aquel día salimos muy temprano para recoger las redes que habían dejado el día anterior, aquello fue espectacular, el amanecer en el mar, la recogida de redes, el “susto de una araña” (nombre común de un pez marino notable por las espinas venenosas de la primera aleta dorsal y los opérculos branquiales) que brincaba sobre la superficie del barco, mi hermana –a ella si que le gusta la pesca- intentando cogerla y los que de verdad sabían diciendo “no la toques, no la toques”, no olvidaré la cara de susto que se nos quedó cuando nos enteramos de lo que era capaz de hacer el angelito negro (el pez, no el de Machín).
¿A que viene esto? Pues bien, viene a que en las redes salieron algunos cap roig (así llamaban mis amigos al cabracho mallorquín), a mi me pareció horroroso, pero su carne me cautivo para siempre después de saborear y disfrutar aquel arroz caldoso donde fueron a parar varios ejemplares.
Desde entonces lo he cocinado y comido de muchas formas y maneras, en pastel es una de ellas. Este ejemplar es del Cantábrico y como siempre, me lo ha guardado Joaquín, mi buen “vendedor de pescados”.
Años más tarde volví a ir de pesca varias veces, esta vez en el barco de unos amigos en Mallorca, en la Colonia San Jordi junto al cabo de Ses Salines. Aquel día salimos muy temprano para recoger las redes que habían dejado el día anterior, aquello fue espectacular, el amanecer en el mar, la recogida de redes, el “susto de una araña” (nombre común de un pez marino notable por las espinas venenosas de la primera aleta dorsal y los opérculos branquiales) que brincaba sobre la superficie del barco, mi hermana –a ella si que le gusta la pesca- intentando cogerla y los que de verdad sabían diciendo “no la toques, no la toques”, no olvidaré la cara de susto que se nos quedó cuando nos enteramos de lo que era capaz de hacer el angelito negro (el pez, no el de Machín).
¿A que viene esto? Pues bien, viene a que en las redes salieron algunos cap roig (así llamaban mis amigos al cabracho mallorquín), a mi me pareció horroroso, pero su carne me cautivo para siempre después de saborear y disfrutar aquel arroz caldoso donde fueron a parar varios ejemplares.
Desde entonces lo he cocinado y comido de muchas formas y maneras, en pastel es una de ellas. Este ejemplar es del Cantábrico y como siempre, me lo ha guardado Joaquín, mi buen “vendedor de pescados”.
Ingredientes
- 1/2 Kg de carne de cabracho
- 1/4 l de salsa de tomate
- 200 ml de nata líquida
- la parte blanca de 2 puerros
- 8 huevos -sal, aceite y pimienta blanca
- mantequilla para untar el molde
- papel de horno
Pongo a cocer agua con laurel, perejil, lo verde de 2 puerros, algo de sal y un poco de aceite, cuando lleva hirviendo unos 10 minutos meto el cabracho entero y cuando vuelve a hervir el agua apago el fuego y dejo que el pescado se haga simplemente con el calor del caldo.
Lo limpio de pieles y espinas, lo desmenuzo y reservo.
Lo limpio de pieles y espinas, lo desmenuzo y reservo.
Pico el puerro y lo pongo a pochar con mantequilla y un poco de aceite.
Bato bien los huevos, añado el tomate frito, el puerro, la nata, la sal, la pimienta y el pescado desmenuzado, mezclo todo bien.
Unto un molde con mantequilla y lo cubro a lo largo con un papel de horno, vuelco la mezcla anterior y doblo el papel sobrante para evitar que se seque o queme la superficie, se entenderá mejor viendo las fotos.
Lo cuezo en el horno al baño María y a unos 150º, el tiempo como siempre dependerá de cada horno.
Se come frío, templado o caliente, lo mejor a temperatura ambiente, acompañado con mayonesa, salsa rosa, holandesa, tomate frito (caliente).
Se puede decorar al gusto, yo lo llevo a la mesa sólo con un poco de ensalada en juliana para que cada uno se añada la salsa que prefiera.
Espero que os guste, es sencillo y muy rico, aunque si no os gusta el cabracho se haría igual utilizando otro pescado.