No tengo respuesta para tanta pregunta, lo cierto es que no se en que momento llegó esta tarta a mis manos.
Lo más probable es que muchos tengáis una receta igual o parecida, pero para mí, y lo repito, “para mí” es la tarta de queso más rica, de las que además de conocer, he probado.
Es verdad que muchas recetas son parecidas, yo tengo varias, pero esta tiene un no se qué… un qué se yo… que me fascina.
Confieso públicamente que todo aquello que se pueda comer y que lleve queso en su elaboración, o más fácil, cualquier tipo de queso con pan, me priva. Lo admito soy quesoadicta.
Los ingredientes para la base de galleta:
- 25 galletas tipo María
- una cucharada de azúcar
Mezclo bien la mantequilla blandita con la galleta que he molido y el azúcar.
Para el relleno:
- 600 g de queso cremoso
- 250 g de azúcar
- 3 huevos enteros más una yema
- el zumo de medio limón
- las semillas de una rama de vainilla.
Mezclo todos los ingredientes con la batidora. Cuando está bien cremoso lo vuelco con cuidado sobre la base de galleta que ya tengo fuera y lo vuelvo a meter de nuevo al horno que tengo encendido a 170º y lo dejo unos 45 minutos, al menos en mi horn, aunque siempre compruebo con un palillo. La pongo sobre la placa, no sobre la rejilla, porque estos moldes a veces dejan escapar un poco del contenido, y este mío no iba a ser una excepción.
La retiro del horno y dejo que se enfríe un poco.
Mientras preparo la cobertura de mermelada:
- 1 tarro de mermelada de fresa o de frambuesa, o de arándanos
- 3 hojas de gelatina neutra
Paso por un colador la mermelada, esta de hoy de fresa, para que no tenga ningún resto de pepitas, y la caliento en un cazo. La gelatina, que se estaba hidratando en agua, la escurro bien y la añado al cazo con la mermelada caliente, remuevo bien para que se disuelva totalmente.
La vuelco sobre toda la superficie de la tarta y la guardo en el frigorífico hasta que se enfríe totalmente.
La desmoldo con cuidado, abriendo poco a poco el molde, y con más cuidado le retiro la base metálica para poder pasarla a una fuente donde poder cortarla sin ningún problema.
Ha salido muy rica, hasta yo, saltándome toda mi dieta, me he comido una generosa ración, y no siento ningún tipo de remordimiento.









