
El viernes vinieron a cenar a casa mi sobrina Marta y su marido Dani con los niños, Daniel y Sofía. No sabía que estaban en Madrid, así que cuando me llamó Marta por teléfono para preguntarme se les invitada a cenar os podéis imaginar mi sorpresa y mi alegría.
Lo de menos fue la cena, tomamos unas picaditas como dicen por Alzira , lo mejor, ver a los niños, bueno, a los padres también, no quiero que se enfaden, pero de momento son los únicos niños que hay en la familia y hay que disfrutarlos.
La pequeñina, Sofía, está preciosa y es tan buena que asusta, no hizo ni un puchero en toda la tarde, solo cuando empezó a sentir su estomaguito algo vacío, lo que es completamente normal.
Pero lo mejor fue Daniel, como siempre, de momento, que aunque llegó dormido tuvo un despertar algo tormentoso. Antes me contaba Marta, mientras estábamos en la cocina que últimamente a Daniel le había dado por decir que de mayor quería ser cocinero, de aviones, añadía él después. Algo confusa esa profesión, “cocinero de aviones”.
Mientras hablábamos de un disfraz de cocinero recordé que por algún lugar de la casa había un gorro de cocinero que me habían regalado en un restaurante, “El Charolés” en El Escorial, por cierto, es fantástico su cocido (y todo lo demás), pero a lo que iba que me despisto, me puse a buscarlo y como siempre que buscas algo, no aparecía, pero como no estaba dispuesta a perderme la cara del niño al ver el gorro seguí buscando y ¡apareció!
Merecía la pena la búsqueda, hacía tiempo que no disfrutaba tanto viendo al niño gozando tanto con algo que no fuera un juguete, después le puse un delantal azulito de publicidad, un trapo colgando, una cuchara y un cuenco, de plástico, se le veía tan feliz que los demás disfrutábamos casi más que él. Pero faltaba encontrar un guante, también guardado en algún cajón, y su cara cuando por fin apareció el dichoso guante... inenarrable. Hay que decir que se llevó y cargó el mismo en una bolsa todos los “artículos”. Tarde para no olvidar.
Toca cambiar el chip familiar por el de la cocina y empezar a contaros esta receta, crepes rellenas con bacalao ahumado y gambas. Supongo que cada uno tiene su receta particular para hacer las crepes, yo casi siempre hago la de la tía de Paqui, pero esta vez he cambiado y he preparado otra, no hay mucha diferencia, casi diría que la única diferencia de las crepes es la finura que se consiga al freírlas.
Los ingredientes para las crepes:
- 100 g de harina
- 2 huevos enteros
- ¼ l de leche
- Una pizca de sal
- 50 g de mantequilla derretida

Mezclo bien todos los ingrediente, menos la mantequilla líquida (pero no caliente) que la añado al final, y dejo reposar un rato antes de freírlas.
Unto con mantequilla una sartén y voy friendo las crepes que reservo unas encima de otras separadas por un trozo de papel de aluminio para que no se peguen entre ellas y las reservo.
Los demás ingredientes:
- 4 puerros
- 1 pimiento verde
- Unas lonchas de bacalao ahumado
- Unos 100 g de gambas ya peladas (o congeladas)
- 1 manzana reineta
- 2 cucharadas de chutney de higos (opcional)
- Chorrito de nata líquidaSofrío los pimientos con un poco de aceite y un poco de manteca del
lomo de orza. Pico el bacalao y las gambas y las añado al sofrito, sobre la marcha decido añadir a esta mezcla (por eso no salen en la foto) una manzana reineta muy picadita y un par de cucharadas de
chutney de higos, añado la nata líquida y mezclo todo muy bien, sin dejar que se cocine demasiado ya que tiene que pasar por el horno para terminar la cocción.
Relleno las crepes y las voy poniendo en una fuente de horno bien untada, casi empachada, con mantequilla. Las cubro con una capa de bechamel, queso rallado, un poco de tomate frito, unos trozos de mantequilla y al horno, 180º aproximadamente, fuego por arriba y por abajo, el tiempo como siempre dependerá de cada horno, pero debe cocer unos minutos y quedar doraditos por encima.
Se puede hacer sin el chutney, pero la manzana le aporta una suavidad que los hace deliciosos. Espero que os gusten.
No me he podido resistir a poner sobre la harina mi tapón irlandés, uno de los que trajo Verónica, el de la olla de la fortuna ¿Será un presagio?